El frió del metal retorcido, gritando de dolor, es lo único que cabe ahora en mi mente. Mi pensamiento, anclado al aullar de los fierros, intenta inútilmente escapar de la miseria de las sombras, pero todo el ruido penetra en mis poros, y un escalofrío inerte recorre mi espina dorsal. Estoy atada y la gigantesca lámina de acero se acerca tajante a mi piel. Un leve corte y todo habrá terminado.
Pero se que aunque no quieres que me rinda, tus gélidas palabras están empezando a quebrar mi alma.
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