No sé qué decirte mi vida se pierde
en la sombra funesta de un día sin verte.
El cielo, un infierno de estériles ausencias.
No sé qué decirte no es fácil, no puedo…
La cama te extraña, mi cuerpo lo siente.
Hay sábanas nuevas, ¡qué frías!, ¡qué pena!
Las horas no vuelan apenas se sienten.
Mi mano en el vidrio… No llueve, no hay nieve.
Es todo, es poco. Ya nada me duele…
Mis ganas se han ido, no tienen motivo.
No sé si se esconden, no sé si no quieren
no sé si no sienten, desear y desearte.
Con gesto desierto un amanecer invisible
recuerda que es hora apenas de penas.
No sé qué decirte apenas, apenas…
vivo, con penas; no sé… apenas, apenas…
Héctor Hugo Lattuada.
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