De las sombras,
la vuestra es la más perfecta.
De los venenos,
tu sonrisa se me hace el más letal.
De los cantares,
sólo el recitar tu nombre me hace desfallecer.
Por favor
liberadme de esta agonía,
ni siquiera espero una caricia;
sólo que me permitas la dicha
de segir el rastro de tu perfume.
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