Déjame, amor, refugiarme
en tu muralla, del viento,
de las heladas tempestades.
Déjame subirme a tu atalaya
y buscar los misterios
de tu averno.
Ven, amor, a quemarte en la
lumbre de mi pecho,
en las brasas de mis manos,
enardécete en el fuego
de mi piel.
Ven amor y libérame.
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