Que mi febo opaque el alba porque estoy rendido ante la lobreguez, lobreguez que no se guarda como tu rostro, lobreguez que no se mide como tu almohada.
Si estoy aquí es porque estás ahí acostada, ahí redimida ante mis pasos, si estoy aquí no es porque esté es porque tus ojos me miran.
Y tanto perecer por mi cuenta y tanto prevenir por tu vida, si los vientos cambian a tu pelo mis manos se estancarían, se pudrirían, sucumbirían ante tus arrumacos.
Si te metieras en mi cabeza como en aquellas cobijas que sellaron tu desnudez, podrías entender que no pido que te vayas, que blasfemo para que no llegue el albor, que no me canso de recorrer tu perfil con mi dedo.
Si estoy aquí es porque palpo, si estoy aquí es porque huelo, si vivo es porque te derramé mi vida, si te quedas prometo abrazarte.
|