Cuentan, pero Ala es más sabio,
que un astuto mercader quiso,
con mala intención,
vender el felpudo de su casa,
pretendiendo que era una alfombra mágica.
Pensaba deshacerse de un trasto inútil,
y comprar con el beneficio
una alfombra sintética,
más práctica y eficaz,
más bonita...
El demonio de los ojos verdes le asaltó
cuando la víctima de sus engaños
le sobrevoló,
y le saludó feliz,
porque podría,
por fin,
llegar a tiempo a la cita
con su princesa.
El mercader no intentó siquiera
probar si su alfombra de nylon
flotaba. |