Hacía tanto tiempo que había dejado ir a esa sensación que a veces la atormentaba y que llegaba sin aviso paralizándola. Pero esa tarde el miedo volvió a aparecer, sólo miraba por la ventana el reflejo de los últimos rayos del sol en los vidrios de los edificios y de pronto lo sintió venir.
Cerró los ojos con fuerza y trató de recordar, pero el silencio era tajante. Golpeó sus sienes con los puños, como deseando remover lo que había dentro de su mente, pero nada. Silencio y más silencio.
Empezó a sentir como se entumecían sus piernas y fue hacia la sala, mirando la foto se acordaría y allí estaba con sus ojos oscuros, la nariz perfecta que tantas veces sintió recorrer su vientre desnudo, las cejas pobladas, los labios desesperados que la buscaban por las mañanas. Deslizó sus dedos por el vidrio del retrato e intentó recordar, pero sólo encontraba silencio.
Corrió hacia la caja donde guardaba sus recuerdos y leyó las cartas con la esperanza de que las letras le devolvieran la memoria de aquel sonido, pero nada escuchó.
Desesperada se sentó a esperar que el miedo la invadiera, de pronto sintió que la llave entraba por la cerradura y sonrió...
- Hola Mamá, ¿qué haces? –
- Acá estoy, recordando a tu padre, tienes su misma voz ¿sabías?–
- Lo sé Mamá, siempre me lo dices -
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