Te extraño,
y me hace mal.
Aprendo y olvido,
me sinto mortal.
Y aún más me pido
no pensar en saltar
al fatal vacío
de una cama que ha sido
solo
promesas de paz.
No cierro mi corazón a volver a creer. Pero tan solo la espera, no consuela ni ayuda a ver.
Aún la mano, ni sabia ni buena, crecida del suelo, que toma mis pies, me haga caer para enseñarme aquel cielo. |