Interrumpo,
qué sé yo,
tal vez es impávido este paso,
retengo algo volátil
y es probable que me aconseje
el desconcierto,
si me abstengo,
en todo caso,
me arrepiento.
Quién bostezará de lo contrario,
si me veta el altruismo
antes que el alegato,
o el destino
antes que el egoísmo.
En todo caso,
la ceguera es soberbia
o afecto.
Hay que acuciar advenimientos
-se dice-
aunque se amanezca en mala cama,
o se aferre al adorno,
o haga plaga de castidad.
Al fin y al cabo, lo nuestro es imaginación.
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