Seguramente este título sea entendido por muchos que como yo se angustian por no ser lo que era y no estar dónde estaba. La vida es un tiempo en el espacio y ese tiempo lo ocupamos, la mayoría de las ocasiones, con banalidades como el trabajo, el ocio y los haberes. Llega un momento que lo que nos sobran son recuerdos de lo que éramos y perdemos nuestra vida entre ellos olvidándonos de que hoy somos y estamos en el presente. Un presente que rápidamente formará parte de nuestro pasado y, entonces, la angustia de ese momento mal aprovechado será razonable y no la podremos vencer. Por eso hay que procurar pensar en presente, por nosotros y por los demás. Hay que creerse ser capaz de ello y avanzar en el día con la sensación de que se hace lo adecuado para vivir mejor, para ser feliz con nosotros mismos y con los demás. Si cada día conseguimos una cosa, sólo una, de las que nos proponemos y no pensamos en su importancia, la noche llegará estrellada y la luna llena nos alumbrará hasta el amanecer… Y a empezar otra vez.
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