He venido a rielar tu vista para que esa ascua que te expía en el silencio de tus dedos no te conforte.
He venido a sacarte de tus lechos con las hadas, mi sátira, mi espectadora de los lienzos que bosquejo sobre tu vientre.
He venido a pedirte que dejes descansar tus heridas, que dejes la saliva en donde debe estar.
He venido a despertarte a las horas que acostumbraste para descansar, mira bajo tu ventana, hazme testigo de tu goce.
He venido a ver como resbala el sudor por la vía de tu espalda.
He venido a ver como te relames las muñecas en un sortilegio de ansiedad.
He venido a descubrir cómo tu cadencia marca el celo de tu voz.
Pero esta noche no seré para ti.
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