Me pasé con el café,
pues es la vida un trago amargo,
y no tengo azúcar suficiente
en mi mundo de libros amontonados, almas envejecidas
y jóvenes que envejecen.
Me pasé con el café,
pero me va gustando al tercer vaso,
y me llega con el tiempo la sentencia
de que todo ha de ser así:
- No lo toques,
ya está bien en gris.
Me pasé, y creo que ya se va acabando,
sinsentido de retener a una persona
cuando hace tiempo que en tu mundo ya no existe lo que fue,
cuando lo único que compartes
es la amargura de este café.
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