Su dulce voz mitiga
la llama ardiente que no se apaga,
revive el ánimo agonizante,
retumba el eco en el sueño más profundo,
en la lucidez más sensata.
De su voz serena fluye
el aire que llena los pulmones,
las flores más bellas de otoño,
las sombra más fresca de verano,
el sol caluroso de invierno,
De su voz amada brotan
manantiales cristalino de consuelo,
la luz radiante de la noche,
rayito quimérico de esperanza,
la pérdida de toda razón reflexiva.
De su melodiosa voz nace
vientos placenteros y viajeros,
que surcan los tristes recuerdos,
que vibra las ansias aplacadas,
estremece las fibras del tiempo.
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