La dulce manía de derramar palabras vanas, el artificio por artificio me parece un bello momento. Uno no puede pretender ser sapiente, ni creer que inexorablemente llevamos profundidad en el alma, puesto que esa alma muchas veces tiene tiernos espacios níveos, nulos, negros, vacíos. No deseo erudición si eso significa meter en mi persona únicamente seguridad de cómo son las cosas, certezas que quieren dar sentido a mis sentidos, pensamientos que anhelan validar mi pensar. Defiendo cualquier letra. Prefiero algunas, es cierto, y hasta un poco me desagradan las cobardes, pero están ahí, y de algún modo un pequeño absurdo relato nos puede entregar un enorme ilógico razonamiento, que a veces sirven más que los cargados de un explícito sentido. |