Mi amor es un peregrino,
que siempre va tras de ti,
aunque mi cuerpo obediente,
permanezca atado aquí.
Mi corazón, un viajero
que va recorriendo el mar,
buscando el barco perdido,
donde te pueda encontrar.
Mis deseos son los leños
que arden dentro del hogar,
esperando aquella ráfaga
que venga su sed a calmar.
Mis palabras, como aves
que al Sur emigrando van,
vestidas de azul ternura
y envueltas en blanca paz.
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