Qué loco torbellino me hizo presa,
el cual me hace hundirme,
sin fuerza ni voluntad,
para tender una mano
y aferrarme a una luz.
No quiero caminar errante
por esta corta vida,
tendedora de trampas a cada paso,
poniéndonos a prueba, diariamente,
manoseadora incesante,
brindadora de migajas,
como esa felicidad perecedera,
que frecuentemente regala.
Entonces, aquí estoy,
desnuda de sensaciones,
espantosa y lastimeramente vacía.
|