Duermes dulcemente mi niño-hombre, apoyas cándido tu cabeza en mi pecho y revuelves mis entrañas con tu perfume a hombre.
Tu credulidad inocente se contradice con tu voz grave, áspera y firme que retumba en mis pensamientos. Tu mocedad tardía es la niebla que cae en nuestros días de sol.
¿Por qué te mueves tan infantil titubeando como un niño y a veces me desafías con la rudeza de un hombre?
Mis palabras te cubren como un abrigo visceral y tú te dejas llevar por mi intento de maternidad improvisada y fugaz.
Niño-hombre sabes aprisionar a una mujer pero sueltas sus cadenas con la suavidad de tu ternura y exacerbada dependencia.
Niño-hombre juegas con la pasión que nos explota cuando estamos inmensamente solos. Tus palabras marean mi corazón y éste se prostituye en tu nombre.
Acurrúcate a mi lado, no sé si besar tu frente y cantarte una canción en voz baja para que te duermas o deslizar mi mano y despertar al hombre que está esclavo en ti.
Niño-hombre sólo te dejo soñar dormido sin despertaste, sin ni siquiera desearte como desea una mujer. Respeto tu cuerpo viril y tu alma ingenua.
Dedicado a mi Niño-hombre
|