Lo primero en que se fijó fue en el tamaño de sus manos. Luego dirigió sutilmente su mirada hacia los bototos y gozó al notar que eran enormes. Al escuchar la invitación a bailar se negó rotunda, pero al segundo intento del muchacho accedió. Se movió con delicadeza y con las caderas tímidas. No aceptó el trago que le ofreció, sin embargo, a escondidas bebió pequeños sorbos del vaso del hombre. Una hora después desabrochó los primeros botones del chaleco que la cubría para lucir su escote, mientras acercaba su culito a la virilidad de ¿Mario?, como marcándole el camino a seguir, como insinuándole que quería sentirlo dentro.
Cuatro horas más tarde, mientras fumaba un belmoth light y se vestía con prisa, dijo al muchacho lo siguiente:
- Estoy tan avergonzada... Esto nunca me había pasado |