Gemelos
Se abrasaron, se miraron y luego se besaron por quinta vez, largamente y sin separase bajo el árbol más frondoso del parque, situado en medio de un amplio prado destacaba la gran sombra que entregaba, pura y acariciadora, la más refrescante de esa larga tarde de verano en donde con insipiente pasión se besaban.
A lo lejos y tras un arbusto, espiaba Pablo a su hermano Pedro – se está demorando mucho – pensó con envidia entre las ramas - ya se las voy a cantar todas, siempre me hace lo mismo; el que nació primero, el que se saca una décima más en el colegio, el primero en quedarse dormido, siempre él y yo aquí solo esperando a que termine de besuquearse con esa, la primera que encontró – continuó Pablo su impaciente alegato a media voz mental tras el arbusto mientras mordisqueaba una hoja como si fuera su propia uña.
A Pedro realmente le había gustado Fernanda, se habían conocido esa misma tarde mientras él y su hermano gemelo andaban haciendo de las suyas en el parque. Pedro sabía que estaba alargando demasiado la situación y que su hermano no soportaría mucho rato más. De pronto sintió que calló algo del árbol, como una ramita pensó, luego calló una pequeña piedra en su hombro, estaba claro, era Pablo que lo presionaba, se separó de Fernanda y le dijo a los ojos:
- espérame un ratito, no me demoro nada, te voy a traer una sorpresa - y al acto salió corriendo hacia el arbusto en donde Pablo lo esperaba sobreexcitado como si de una posta olímpica se tratase.
- Ya dime rápido, como se llama- preguntó Pablo
- Fernanda – respondió Pedro inhalando -y da unos beso la muerte- continuó exhalando
- Ya, me voy ¿estamos iguales?
- Si dale, no rompas las flores- alcanzó a decir Pedro entre las ramas con un poco de pena al dejar que su hermano besara a esa hermosa niña que tanto le había gustado.
Al llegar Pablo al frondoso árbol y sacando las flores tras su espalda, dijo modificando astutamente un verso aprendido en el colegio – Ayer almorcé arvejas, hoy me comí un ají, Fernanda este ramo de flores, lo traje para ti.
- Que lindas, gracias - respondió Macarena entre risas maliciosas mientras pensaba en las locuras que hacía con su hermana.
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