Miradas traviesas
transparentan los deseos.
Noche y luna cómplice,
tránsito inevitable hacia los sueños.
En ficticia calma,
el cielo y sus colores pregonaban tempestades,
un soplo se desliza por los pies,
lluvia de verano que me alcanza,
las gotas resbalando por la piel.
Presencia compañera,
me envuelve.
Saboreo tus rastros en mi boca.
Tierra mojada,
te respiro.
Y los sentidos se hacen uno en el querer
dejándome arrastrar sin esperar,
se diluyen los gritos silenciosos,
despiertan las caricias que dormían.
Vaivén incombustible,
las ansias enfrentadas.
Tus huellas en el viento
tempestad que me devuelve hasta la vida.
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