Soy la ampolleta de tu cuarto, cuelgo de un soquete lánguido y debilucho que tu misma instalaste a regañadientes cuando alquilaste éste cuarto lúgubre, veo cada vez que me enciendes cuando te arrojas sobre la cama sin hacer; y lloras escuchando tu i-pod a sobre volumen, aún te veo con los ojos cerrados y llena de polvo cuando te tiras al piso y me diriges la mirada durante horas, cómo decirte que entiendo tu pena, que pese a ser sólo una “ampolleta”, te siento como si al igual que yo fueras de delgado vidrio, así de frágil, así de estática, y así de sola. |