Hay una pasión oculta en los secretos
que nacen de las noches sin estrellas
y mueren en las cuencas de mis ojos,
- cóncavos espacios donde sopla el viento -.
Quisiera tener manos y abrazarte
sostener entre mis dedos tus cabellos,
pero ni manos, ni dedos, tengo
y entonces me contento con celarte.
Cabalgo los senderos de mil nubes,
- espumantes cenizas suspendidas -
y abogo por espíritus mutantes
que permitan a mi alma cobrar vida.
Más mis sueños no germinan en el cielo,
donde he esparcido mis semillas.
Ellas mueren sofocadas por escorias
de los mares astrales que navego,
- médulas opacas del espacio –
que mudan de la luz a las tinieblas.
Yo soy agua y arena de pantanos,
viento que trasiega las montañas,
sol que camina madrugadas,
trueno que detona en tempestades.
Soy espíritu y materia itinerante
y soy el ángel que aguarda tu mirada.
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