Vivo en una apacible cabaña en las montañas. En las noches, dejo las ventanas abiertas para que la suave brisa y el arrullo de la noche entren por ellas. Pero no sólo entran la brisa y el arrullo, también entran tres alegres gatos a hacer de mi cabaña la suya. Mis amigos me aconsejan que los amenace con el perro o que les suelte a mi novio para que ya no vuelvan más. Pero yo quiero que regresen cada noche, me gusta como cantan y tocan las guitarras. Lo único que les pido es que no se beban mi tequila y que usen el baño sin orinarse más, en la alfombra de la sala... |