Es cierto que no eran horas para que saliera una señorita decente, como decía mi mamá. Pero los cigarros son una necesidad vital por estos días. Vivía noche y día escuchando informes por tv de la buena economía, de lo bueno del cambio de gobierno, etc. Pero yo no sentía lo mismo. A veces me demoraba en volver a mi casa, iba a ver a mi querido Alfredo a su fábrica de cajas de zapatos. Pero la plata no nos alcanzaba para nada más que un par de besos en una plaza, y el tiempo no nos daba para irnos a ninguna casa, es que no se podía salir de noche en estos tiempo. Fué por eso que no volví, porque salí a comprar cigarros y tuve la mala suerte de que un foco me alumbró la cara, unos uniformados me subieron a un carro celular, un general me violó, unos cuantos hombres de terno me torturaron, un riel de ferrocarril me hundió en el mar, un país entero se olvidó de mí. |