Me miro desde la ventana de mi cuarto, el cielo está redondo y oscuro, no hay estrellas que osen a quitarme este sacrilegio de mirarme a mí misma.
Me miro en silencio y en soledad para mostrarme que soy esto y nada más, una noche nublada inadvertida por todos, porque mientras yo comparo mi existencia con cualquier fenómeno natural, otros se comparan ante sus maestros y sabios.
Bebo unas gotas de lluvia en tanto unas risas se me escapan de la angustia y me pregunto de pronto:
Quién es más poeta? El que sabe hacer llorar o el que saber hacer reir? Al final ambos escarvan el horizonte del humor, sólo que trasladándolos a universos opuestos. |