(resubido)
Sí, lo admito me gusta mirar y mucho.
Me gusta ver sus rostros mientras se besan, las miradas cómplices, las caricias bajo las sábanas o aquellas que se logran ver a simple vista.
Prefiero ver que ser protagonista, ver sus expresiones, escuchar sus gemidos y susurros, poder adivinar cuál será el siguiente paso y que la luz que me llena recorra sus cuerpos más que sus manos o tal vez desde mi oscuridad poder sentir el calor que expelen sus poros mientras se entrelazan, se unen y se hacen uno solo.
Me gusta mirar lo admito, saber que dicen sus caras mientras sus bocas se recorren, sentir el placer de su encuentro, vivir el éxtasis que ambos sienten y ser quien juzga sin que lo sepan.
Sé que me gusta mirar y para eso tengo lugar privilegiado en la habitación, como yo hay muchos otros que silenciosamente observan y graban cada uno de los movimientos de los amantes.
Seré insignificante en el acto, pero conozco los pasos que suelen hacer y he logrado imaginar lo que llegan a sentir antes que ellos.
Suelo esperar durante horas, inmóvil, parpadeante o lleno de vida, aguardo desde el techo cargando mi bombilla y deseando que esa noche vuelva a ser un voyerista.
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