El viento que se escurría, por la ventana a medio abrir del taxi, golpeaba indiferente el rostro de Daniel, mientras este lentamente recuperaba la conciencia y se percataba de las diminutas pero bien definidas gotitas de vomito, que se alojaban desde su hombro izquierdo extendiéndose por toda la superficie de la portezuela del taxi; el olor a ron mezclado con el del mismo vomito, invitaba a desalojar el ultimo rincón intestinal inundado de licor, y así mientras se aferraba con ambas manos a la camiseta infecta en vomito, veía como de sus labios brotaban amarillentos chorros de bilis; que fueron seguidos de unas cuantas bocanadas de sangre.
Ahora era la luz de la mañana, quien hería sus pupilas; la indudable resaca lentamente conquistaba su espacio; y así en medio de aquel extraño parque, con el dorso desnudo, las manos ensangrentadas y los labios ajados, Daniel recordó que la operación había fallado; que Maria murió….. Así que se levanto, busco en sus bolsillos el dinero suficiente para comprar otra botella, que garantizaran un momento feliz al lado de Maria
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