Me envuelve una llama oscura pero no me quema. Me roza suavamente casi como acariciandome. Entrelaza mis piernas, mi cuerpo se fusiona con su calidez. Pero de alguna manera me tienta, me incita a desnudarme y entregarme, a ofrecerme al sacrificio de tu cuerpo. A veces se torna violenta y colisiona con mi piel generando chispas que te queman y te desfiguran, pero vos insistis, te seguis posesionando de mi cuerpo. Lo haces tuyo, como si no fuese mas que un anexo, mis piernas las tuyas, tus brazos mis manos. Y de repente la llama te envuelve a vos tambien, intenta fusionarnos en una sola persona, y ahí es cuando nuestros ombligos empiezan a agonizar. Se crea un cordon que nos une simbioticamente. La llama se esfuma y nos deja a nosotros, engendros, atados uno con el otro, y al mismo tiempo con la vida. |