Al verte de frente y desnudo,
me apetece hacerte un pedimento.
Baja tus brazos, déjame indagar
en el declive de tu cuello,
seguir el trayecto tímido
de la gota de sudor
que ha emergido en tu hombro,
es este aroma que fluye
por la pequeña gota el que me ciega.
Ya sin mis ojos,
me queda el sentido
del gusto para encontrarte.
Puede ser que estés aquí:
en la luna y en su piel de leche.
Percibo sal y suavidad,
un contorno, una orilla,
un cuenco que mi lengua
vacía de su fruto dulce.
Me sacio de cerezas…
Luego acidez y sabor a barro,
árbol joven y robusto: limonero.
El ramaje erguido muestra
su racimo más abundante.
Así te quiero.
Tus caderas de trapecio
me balancean hasta colgarme
de tu ritmo y de tu risa.
Siento de ti la brisa;
marejadas del Caribe
encerradas en tu aliento
tu voz One, es la de los marinos,
tu pecho, las velas de una fragata.
Me recuerdas al mar y al bosque;
a mi niñez y a mi juventud;
me remontas a los días felices
del mes más cálido del año.
donde nada duele, donde apenas
el calor sobre la piel es un roce
parecido al de la voz del viento
cuando porta una palabra amada.
Me haces soñar en lo más alto
con tu nombre y con tu cuerpo.
He sentido en tu mirada
dos nubes lloviendo torrenciales
sobre el malecón,
he descrito en tu piel con labios
el camino hacia la Habana,
donde hombres y mar y territorio
son libres y la claridad celebra.
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