Vení, pergenia, a sentarte,
En la placeta te guardo un banco.
Tomá tus pilchas, tus juguetes de niña mimada
Y déjalos caer aquí,
Pequeña, tu cartera se abre tras de ti,
En un soplido sideral a todo pulmón,
Vení, muñeca de porcelana atroz y clávame
A tres filos
En esta pared de sangre seca y podrida,
Aquí, ahora,
En el escalón en donde te miro pasar,
Tantas veces en el mismo acto
Del cerrar y abrir de una puerta
Sin marco ni cerradura/
Vení, mi putita de estación terminal,
A pintar de rouge rosa
Las piedras de esta calle.
|