Desde el filo de un catre. Sentado en aquella cama a la que nunca le dimos cuerda. La veo pasar. A ella. A la actriz. Violada tantas veces en el baile, sin ninguna lesión en el cuerpo. Caminando a todo viento por aquellos cafés danzantes. Escuchando a Tiersen; -comptine d'un autre ete- l'apres-. En una estela de humo rojizo, la vi caer por última vez.
Altiva en su función. Como toda mala aprendiz; ensayando siempre sin llegar a nada. Máquina de lágrimas. De todas las falsas putas, mi preferida.
Falsa bohemia, y, por lo tanto, bohemia hasta los huesos/.
Diez años para acabar en lo mortuorio de la vida,
que son los años de esperar otro mundo este mundo –como decía Rojas-
en el secreter de la adolescencia,
doliéndote hasta los dientes,
la vi partir un día,
la vi huir un día.
Pedro de Valdivia con Irarrázabal.
No hubo rencor en el pozo de mi tristeza.
Luego/...
vinieron las otras.
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