Aquella noche no esperaba encontrar nada.
Salió con su amiga, de la mano, como siempre. Y a medio camino ya le dolían los pies del tacón de sus zapatos.
Cuando llegaron al bar donde cada fin de semana solían ir, las saludaron alegremente. Eran esos chicos que a veces se encontraban.
Pero siempre de fiesta, nunca en otro lugar. Era misterioso.
Siempre se saludaban con dos besos. Se preguntaban por sus vidas y se despedían de la misma manera:
- ¡Luego nos vemos!
Pero ese luego nunca se hacía realidad.
Y cada uno se acercaba a sus respectivos amigos y seguía bailando y riendo a su manera.
Pero esa noche no se despidieron. Él se quedó junto a ella, toda la noche. Se acercó débilmente a sus labios.
Y por fin... después de un baile de vueltas y más vueltas. Y muchas risas.
Se besaron.
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