desteñidos labios cocidos al suelo,
quizá la derrota me inunda por dentro,
una pluma se jacta de su airoso vuelo,
que sin pena ni gloria diseña trazos muertos.
tan solo me quiebro de cuajo, sin saberlo,
y se oyen los gritos sin salir del cuello,
desgarro perdido en medio del hielo
que saborea concienzudo el dolor ajeno.
y me agarras de las manos con hilos de acero,
que irrumpen con ira en mis pérfidos huesos,
descansa, te ruego, oh cruel carnicero,
que no tengo ya vida para nacer de nuevo. |