..Saqué el cuerpo de la cesta,
con la ternura que tienen las lágrimas
al bajar por la mejilla.
Hacía poco rato, sus latidos eran de vida.
Vida que entregó a mis manos con su tos de sangre,
y no pude hacer más que arrebatársela,
para evitar su sufrimiento.
Ese silencio..
ese cielo..
ese desgarro..
Empecé a dar pasos lentos con mis brazos en alto,
a través del descampado,
sujetando el cuerpo inerte.
Ese adiós escurriéndose entre mis dedos..
Mi rostro desencajado,
mi nariz en llantos a borbotones.
Dejé de llorar
para ser llanto..
Ni santo,
ni verdugo..
simple testigo.
Grité a las fuerzas escondidas..
Proclamé a la eternidad
el porqué de este suplicio,
el porqué del sufrimiento?
..por qué las almas se van tan solas..?
el cielo derrumbó mis súplicas
sobre mi alma.
Tuve un parto con la muerte,
escupiéndome la placenta
sobre mi puta cara.
ese atardecer..
yo morí con él.
la siguiente lluvia,
acarició su arena,
y sepultó el olvido
con la sutilez que merecía.
...
Por la noche, mientras yo dormía,
vino entre sueños..
con sus andares felinos,
sano y salvo.
Y se despidió..
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