Despertar al alba. Bañarse. Vestirse. Tomar café. Encender un cigarrillo, y como un robot; acelerar los pasos para llegar a tiempo a la fábrica.
En la calle..........
El ruido. El smog. La gente apretujada en columnas de uno a uno.
La primera maldición del día. Un descuido. Una llamarada. El transporte que no pasa, y el tiempo que avanza, avanza y no se detendrá. Jamás se detendrá.
Repentinamente.......
Gritos. Denuncias. Explosiones. Lagrimas brotadas de unos ojos enaltecidos. Con mirada recia, altivamente denunciantes.
Más explosiones. Más gritos. Más golpes. Muchas voces reunidas. Los muchachos corriendo tras la toma de un autobús. Al final; menos esperanza de llegar a tiempo, menos posibilidad de aumento, en resumen; menos ganas de ir a trabajar.
Y el día agotándonos nuevamente. Consumiéndonos, golpeándonos, para olvidar un niño triste en la calle, un mendigo sin sueños, una generación con hambre. Sin escuelas. Más golpeada aun. Que tu. Que yo. Que esta pesadilla.
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