La casa vaga a oscuras
llorando por las almas de sus habitantes idos
todavía la recuerdo:
la casa vieja del barrio Quinta Normal
erguida en adobe lleno de cicatrices
enormes piezas con puertas gigantes
allí mi niñez se desnudó
mi adolescencia se enamoró en un espejo.
De pronto desaparecimos todos
mi madre, ampolleta inolvidable
mi padre, la llave que abría todas las puertas
mis hermanos que tomaban mis juguetes y mis sueños
la vieja empleada que daba gritos de vidrio quebrado
el gato jubilado en plena pubertad
las ratas del entretecho
la lluvia de inviernos interminables
las visitas
la familia
la mesa
el pan tostado.
La Casa vaga a oscuras
recopilando huellas
rescatando ecos de los muros descoloridos
llevando en las manos la vela de la esperanza.
Pobre casa mía
nunca volví a recorrerte. |