Dado el hecho de que soy un desconocido
cuyo velatorio duerme sobre una mesa de bar
quiero dejar advertido el peligro de mis intenciones
que van desde la horizontalidad de la tierra
a la redondez de la bóveda celeste.
No imagino tipo más indeseable que yo:
sin cuerda estirada alguna
parezco guitarra oxidada
llorando notas sobre un escenario vacío.
La locura es apenas un síntoma secundario en mí
no me llamen, no me escuchen.
Derecho al retrete
que un caño me lleve. |