Unos ojos que no se sabe si se encuentran abiertos o cerrados, pero que sin embargo tienes la certeza que de cualquier forma te están mirando. Unos labios que sin querer aun ocultan un sin fin de maravillas entre su tacto y su voz. Una sonrisa que no se esfuma, que permanece y se mece entre el descanso de las palabras. Una cara sin amargura, capaz de tranquilizar cualquier tipo de turbulencia. Un cuerpo exacto, un torso recto, una espalda bien esculpida. Un viaje nuevo con un destino desconocido. Un hombre lleno de detalles, un ángel, uno que llegó sin avisar, al que estoy dispuesta a robarle las alas para que no se vaya más.
De verdad me gustas.
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