EL RESUCITADO
Cuando murió, todo en él se volvió pausa y engaño. Lo llamaban Lázaro. Vivió tranquilo y su muerte fue mas pacífica aún.
El despertar fue caótico, adoraba su lecho. Pero al correrse la losa del sepulcro y saludar a su amigo escondió su pesar.
Así es siempre. Resucitar es el destino mas falso de la voluntad. Lázaro lo supo y también su amigo. Ambos, entonces, escondieron la congoja cuando entendieron su sacrificio. El sacrificio de volver a vivir para el provecho de los otros.
Así, ni siquiera una voluntad divina les devolvió la esperanza.
(En el mundo, no todo lo escrito ha sido fiel)
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