Realidades
En charlas eternas, divagábamos
Pero en tú rostro y acciones veía
Que con las palabras no te persuadía,
porque tú corazón no me sentía.
Y llegó lo que tanto presentía
El llanto, que el dolor vertía,
Que el corazón desecho destilaba
En la estrecha y mísera morada
donde habitan los sueños engañosos
La alegría es humo y nada de nada
Y un amor ardiente sólo...
gloria de un día
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