Maderitas y colores: ¡Cuánta pelotudez!
Amanezco desnudo entre las sábanas/ en la penumbra de mi habitación./ Desganas de vivir temblando, mordiendo la música/ de un arrabal de sombras. Buenos aires diarrean la tropilla/ de la zurda brutal a la derecha de los garcas./ Pero, siguen allí lamiendo culos./ ¿Alguien habrá de verlos sin la máscara?/ ¿Para qué la poesía sin la fístula maleva entre dos aguas?/ Los gusanos del tiempo comen todo./ La barriada entristece sin gorriones./ Los árboles del cielo se atrincheran/ debajo de las vías del ferrocarril./¡Hagan algo, por Dios!
Dejo de verme envuelto en tanta mierda./Dije que no la quiero ni mirar./Miro los días buenos,/los imposibles que me faltan./ No, el miedo ahora, no./Me cago en ese miedo miserable/ y en sus ontologías propietarias./ Para mí es importante lo que digo y eso basta./ Esa es la base espiritual de mi argumento./ Maderitas y estopa no./La puerta abierta al sol del mediodía./ Debemos ir hacia ella, hacia el milagro.
Cansancio de café en la madrugada./ Ruindad de los tentáculos gorilas./ Fastidio de los lunes con lo mismo./ No le pidan al nene que le ponga/ colores al dibujo./Ya dejen de buscar a flor de tierra soluciones./Laburen por ustedes hijos de mil puta./No me acusen a mí, no me señalen/ con sus huesudos dedos de marisco./ Cacen la idea con la pala de puntear./Hay que ponerse el mameluco de minero/ y laburar: Cavar, buscar, soñar, amar y no arrugar./ He dicho.
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