Cuando los ojos se pegaban en la lamparita
y el inconsciente pasea sobre imágenes
aun más oscura que la misma muerte
el miedo se coló por la soledad que inundaba
el cuartito donde posado el cuerpo
durmió en lo eterno.
Se fue el alma en un rápido suspiro
mientras la lucecita titilaba,
las noches de locura que lo mantuvo preso.
Un hueco perenne en el sofá
dejo el cuerpo,
un vacio infinito en el alma mía
deja su vuelo.
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