Te miro con ojos
Que son míos pero no propios;
Te miro y sin demora,
Un suspiro por segundo.
No reprocho tus labios,
Dudo que sólo sean mi evangelio,
Acepto y tiemblo.
Reniego ser quien soy,
No tomarte de la mano,
Miedo a alejarte,
O quizá, a acercarte.
Es este el lamento de mi cuerpo,
Escapa, aleja y blasfema;
Y tú, ¿sigues ahí?
|