Metí la llave, la giré y nada; empuje la puerta, la volví a empujar, la empuje otra vez… nada, estuve luchando una media hora, desesperado le grite -¡Maldigo el árbol de donde procede tu madera! …no se inmutó, supongo que debido a que es metálica…
Sudado, cansado y harto escuche una voz –No la empujes. Por inercia la deje de empujar y tiré de ella… se abrió.
Desde ese día temo otro enfrentamiento… por eso ahora entro y salgo a mi antojó por la ventana.
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