Josefina.
Cuando en tus ojos ya no estabas,
te olvidaste de llorar,
la lágrima no supo más brotar,
y la lengua abandonó a tus palabras.
Las abandonó en mis oidos,
como tu sonrisa en mis ojos,
como tu presencia en una pausa
que dejaste a mi memoria encargada.
Tu cuerpo se hizo claustro,
el sonido callado fue el aire de tu celda.
se repite y se repite,
es tu silencio un eco eterno.
Es la carta en blanco sobre el suelo,
tu ángel la había extraviado,
la luz cuajada se liberó,
y es ahora tu alma un fuego en paz.
{ … }
Adios abuelita. |