La historia es un profeta con la cara vuelta hacia atrás: Por lo que fue y por lo que es, anuncia lo que será.
Vino galopando. Nadie la vio. Se había ocultado detrás de esa colina. Agazapada. Y de repente, el zarpazo.
“Ya no hay tiempo”, pensó.
Seguía cabalgando, ahora con más energía, hacia su contrincante. Lo miró directo a los ojos y mientras blandía la espada lo desafió a ganar.
Frente a frente. Se miraron. Se escudriñaron. Se descubrieron las mismas heridas. Levantaron sus espadas y se preparan para el ataque.
Ahora, en este preciso momento están listos para comenzar la batalla donde todo hay que ganárselo.
Se miran. Se piensan. Se vuelven a ver las heridas. Sus pasados son espejos en los ojos ajenos.
Ansían el empate triunfador.
|