Sexo, el que quieras. Sonrió mirándolo a los ojos. Por pura casualidad genética tengo los dos ya conocidos...¿Polvo? ¡Pero si sos adivino, carajo! ¿Cómo supiste lo que serías esta noche? Le dijo riendo en su cara, la mujer desconocida que pretendía violar, mientras sentía como un filo agudo penetraba en su pecho. |