Se cuenta la historia, de una mujer gorda, con ojos pequeños y pobre.
Ella trabajaba de panadera en el local cerca de mi casa, sus manos amasaban nuestra comida cada día.Ganaba 20 pesos por cada hora, por lo que no tenía que comer, ni qué dar a comer a sus hijos.
Ella, minusiosa, juntaba cada resto de la masa que quedaba entre sus dedos, los amasaba y hacia pan para sus hijos. Y así, cada día, llegaba con pan para sus niños y niñas, hambrientos y con ojos cirstalinos, deseosos de probar ese pan, tán tierno, tán calido. |