Durante muchas semanas, puso todo su empeño en contar su vida. Estaba decidido a contar la autobiografía más completa que pudiese existir. Hasta el menor detalle fue escrito por su puño en varios cuadernos de hojas sin rayas. Realmente no sabía si algún día sería publicada, o siquiera si algún día alguien fuera a leerla, era sólo el hecho de escribirla. Llegando al final, se enfrentó a un problema: había que terminarla, pero su biografía no sería la más completa si no contara el final de su vida. La decisión estuvo clara: había que predecir el futuro. Pero no le fue tan difícil, y tras dejar grabado el punto final con su lápiz, cerró el cuaderno, colocó su revólver en la boca y apretó el gatillo. Su autobiografía resultó muy completa, y la última oración fue “cerré el cuaderno, puse el revólver en mi boca, y apreté el gatillo.” |