Eso me parecía, un enorme baúl, aunque ahora que lo pienso no era tan grande, tal vez sí para mis pocos años.
El enorme baúl que papa trajo de Italia estaba lleno de cosas de no mucha importancia, sabanas y toallas con sus iniciales marcadas, el gabán largo de tela pesada, con el que me cubría a los dos años cobijándome del frío invierno.
Si, no era tan grande, aunque le cabían todos sus sueños de inmigrante, esos sueños que aun les trasmite a sus nietos.
Los recuerdos de su patria lejana, del sabor de las uvas, de los árboles de castañas, de la nieve del monte, del olor del café recién hecho en la estufa.
Además cabían tantos cuentos de generaciones antiguas, tantas historias que hoy repetimos como historias sagradas, pensando lo bien era enorme el baúl que papa trajo de Italia.
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